Axilas irritadas en hombres ¿qué puedo hacer?

La irritación surge por un conjunto de manifestaciones cutáneas que aparecen como un sarpullido, su nombre científico es dermatitis por sudor. Aunque es bastante común, especialmente entre deportistas o personas que entrenan con cierta frecuencia, esta reacción ocurre cuando la cándida, -que es la levadura natural de la piel–, se altera por factores externos como el calor extremo o el sudor.

En la cotidianeidad es indispensable mantener buenos hábitos para una higiene saludable, ya que las axilas irritadas en los hombres pueden ser causadas por varios factores, como la fricción, la sudoración excesiva por deporte o sobrepeso, la depilación, las alergias o la mala higiene.

LOS TIPOS DE DERMATITIS MÁS COMUNES SON:

  • Dermatitis de contacto irritativa en axilas
    Se trata de una reacción de tipo inflamatoria generada por el contacto directo con una sustancia irritante. Sus síntomas asociados son el picor y el escozor pudiendo provocar ampollas en estadios avanzados.
  • Dermatitis de contacto alérgica en axilas
    Constituye una respuesta de tipo inflamatoria frente al contacto directo con algún alérgeno. Se da en aquellas personas que presentan alergia a dichos agentes. Suele derivar en lesiones, edema y eritema.
  • Infección por hongos: Candidiasis
    Se produce como consecuencia de la acción de la levadura Candida Albicans. Las axilas se recubren de una placa de piel inflamada y enrojecida que provoca sensación de dolor y picor. Tiene una mayor tasa de incidencia en aquellas personas que presentan problemas de sobrepeso, pliegues de piel excesivamente acentuados u otros problemas indirectos como diabetes o inmunosupresión. La candidiasis también se asocia al consumo de corticoides y antibióticos.

¿CÓMO PREVENIR LA IRRITACIÓN EN LAS AXILAS?

  • Limpieza adecuada: Es importante lavar las axilas con agua tibia y jabón suave todos los días, evitando los jabones con fragancias o ingredientes irritantes. Después del lavado, secarlas bien.
  • Evitar la fricción: La fricción excesiva puede irritar la piel en las axilas. Es recomendable optar por ropa suelta y transpirable, especialmente hecha de tejidos naturales como el algodón. También es recomendable evitar el uso de camisas o chaquetas demasiado ajustadas que puedan causar roce en la zona.
  • Desodorante o antitranspirante suave: Es importante elegir desodorantes o antitranspirantes suaves y que estén diseñados para pieles sensibles. Evitar fragancias fuertes o alcohol también es clave ya que pueden irritar aún más la piel.
  • Hidratación: Aplicar una crema hidratante suave en las axilas después de lavarlas ayudará a mantener la piel hidratada y evitará la sequedad y la irritación.
  • Evitar la depilación agresiva: Si nos afeitamos o depilamos las axilas, es importante hacerlo con cuidado y utilizando productos adecuados. El uso de cremas de afeitar o geles lubricantes puede minimizar la irritación, así como evitar rasurar en seco.
  • Evitar irritantes conocidos: Esto puede incluir ciertos desodorantes, detergentes o suavizantes de telas. Una vez identificado un producto que nos cause irritación, debemos cancelar su uso inmediatamente.
Si después de seguir estos consejos la irritación persiste o empeora, es recomendable consultar a un dermatólogo. Pueden evaluar la condición de tus axilas y recomendar tratamientos adicionales o prescribir medicamentos tópicos si es necesario.
El exceso de humedad y sudor provocan el maceramiento de la zona haciéndola más vulnerable a problemas de irritación. El uso de antitranspirantes reduce el efecto de maceración y ayuda a prevenir sus consecuencias.
En el mercado existe una gran variedad de opciones, la línea de desodorantes NIVEA otorga frescura y protección de larga duración protegiendo la suavidad y salud de la piel en cualquiera de sus formatos: spray, roll on, y barra.
AVISO LEGAL: Toda información proporcionada en este artículo debe ser considerada como una guía informativa y no como un consejo médico. Esta información no reemplaza la atención médica, el diagnóstico, ni el tratamiento que sólo un profesional que lleva la historia clínica puede brindar. Cualquier uso práctico que se le pretenda dar a dicha información deberá ser previamente consultado con un personal de la salud.